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PRENS@ Y EMPRES@

1 Comments »

La realidad se encarga diariamente en demostrar cómo la libertad de prensa está perdiendo por goleada su partido frente a la libertad de empresa. Siguiendo con las analogías deportivas, en materia de información y noticias la asociación entre televisión y periodismo -en términos de libertad de prensa- puede ser entendida como una ficción semejante a las peleas de catch. Si la libertad de prensa -lejos de dicha pantomima deportiva- pudiese ser asimilada como una suerte de combate de box habría que pensar si aún existen estadios desde donde se celebren tales cotejos. ¿Quedan aún en pie? Tal vez. Y probablemente éstos puedan ser ubicados en Internet. La red sería el último medio desde donde bregar por la libertad de prensa no constituya una mera expresión de deseos.

Aunque de tanto en tanto suele aparecer algún que otro individuo que se jacte de no necesitar de los medios de comunicación como la televisión para entretenerse, lo cierto es que en los tiempos que vivimos, ello constituye más la excepción que la regla.

Por lo general la radio, la televisión o Internet, suelen ser un pasatiempo que, con diferentes dosis, acompañan nuestra existencia. Sea como un ritual que se introduce diariamente en el íntimo círculo familiar; o bien, como un escape de tipo individual capaz de colocar en suspenso momentáneo el ajetreo de cada jornada o la propia rutina cotidiana, lo cierto es que la pantalla fulgurante de colores, brillos y contrastes; junto a sus dilectos aliados -el control remoto o el mouse- han logrado formar parte de la vida misma.

Mucho se ha escrito en torno a las relaciones entre individuos y medios. Desde las más diversas disciplinas científicas, y desde los más variados enfoques intelectuales, se suele advertir críticamente del carácter nocivo que -por ejemplo- la adhesión televisiva provoca en el inconsciente individual y colectivo. Más allá de coincidir con muchas de estas preocupaciones psicosociales o neurológicas, es preciso analizar algunos aspectos vinculados al andamiaje que un medio como la televisión establece para el ejercicio de la profesión periodística. En otras palabras; ¿es posible hablar de libertad de prensa en relación a la televisión?

Evidentemente; con sólo observar el virulento proceso de concentración que en poco tiempo y a nivel internacional o local se ha producido (y puesto en evidencia a partir del desarrollo colosal de los grandes polos multimediales) para poder afirmar el carácter complejo de la relación prensa independiente y medios de comunicación televisivos, y en cómo ello afecta el ejercicio de la profesión periodística.

Las relaciones comprendidas entre el poder político y la prensa, históricamente han estado signadas por profundas presiones de naturaleza sectorial o corporativa. Y ello no constituye una generalidad poco relevante, ya que reconocer esta premisa significa comprender que los obstáculos vinculados a la vigencia de la ética periodística no se circunscriben necesariamente a la procedencia de los medios de comunicación en términos de propiedad. Dicho de otro modo: la manipulación de la información puede resultar eficaz tanto en sociedades sumergidas en profundos totalitarismos como en aquellas en las que rige la libertad en forma más fluida. Es que a la hora de considerar las razones por las cuales resulta tan compleja la consagración y vigencia efectiva de la libertad de prensa, la díada medios públicos o privados no parece arrojar claves lo suficientemente distintivas que permitan arribar a conclusiones categóricas.

La Argentina puede dar muestras de esta falsa contradicción. Porque así como la dictadura militar de 1976 orientó un considerable cúmulo de recursos para controlar a los medios de comunicación, repartiéndose el control del medio televisivo por tercios de acuerdo a la estructura de sus Fuerzas Armadas, el presente multimedial iniciado en la década '90 no puede ser considerado despejado en términos de control y dominio, a pesar de que los medios se encuentren en propiedad de privados. A la desembozada capacidad coercitiva totalitaria que exigía para sí el monopolio de la información, se desemboca en tiempos de libertad y estado de derecho, en la primacía de la libertad de empresa por sobre todo aspecto vinculado estrictamente con la libertad de prensa.

¿Qué significa dicha primacía? Básicamente significa una subordinación profunda de la opinión e información a los intereses y objetivos de los directivos y accionistas. Si se considera que un ámbito como la televisión (sin que ello excluya otro tipo de medios) es un ámbito de publicidad interrumpido por programación, la información en sí pasa a ser entendida como un insumo vital para apuntalar estrategias económicas o comerciales no necesariamente despojadas de ribetes políticos. ¿O acaso los sucesos acaecidos durante la guerra en Irak no pueden dar fiel testimonio de esta cuestión?

A partir de la emergencia directa de la persecución de lucro, la información requiere un tratamiento determinado. Porque lo que importa es no sólo informar sino que la información "venda", o sirva para afirmar campañas comerciales. Y ello encubre no sólo intereses determinados, sino un modo de ser en términos de sociedad. Lo que no interesa no vende, y lo que no vende no es negocio. El marketing, la publicidad y el campo de la comunicación social permiten delinear perfiles de consumidores determinados, y a través del posterior proceso de amplificación y masificación mediática se persigue una acción directa de ecualización social. Dentro del contexto de estas auténticas "campañas" ¿qué espacio queda libre para el ejercicio de la libertad de prensa?

El rating es la moneda intangible que fluye de un modo permanente en el circuito virtual del ámbito mediático. Su mayor o menor caudal es lo que finalmente determina el carácter "bueno" o "malo" de un producto mediático. Frecuentemente es posible advertir como una programación televisiva determinada es objeto de un drástica interrupción en materia de transmisión, simplemente porque no logró cumplimentar con las pautas trazadas en términos de mediciones de audiencia. Sucede que en este punto surge una curiosa dialéctica entre contraste y uniformidad. Y en el ámbito televisivo ello puede ser avizorado con mejor nitidez. La noticia; por definición, es contraste. Lo que de algún modo puede ser considerado como de carácter regular simplemente no es noticia. De acuerdo a ello, la señal televisiva debe reflejar información e imágenes con un grado de contraste lo suficientemente significativo como para resultar relevante en la política de producción de noticias. Sin embargo, al tiempo que se logra ese contraste, es preciso alcanzar un estatus de uniformidad a fin de que la noticia pueda ser inteligible e interesante para el "perfi" del masivo público consumidor, y luego de haber sido incrustada socialmente pase a ser considerada como una "verdad" por el solo hecho de estar masificada.

Lógicamente dicho proceso no es de naturaleza estrictamente técnica. Por el contrario, subyace un enfoque estrictamente político que parte de qué informar a cómo la información debe ser presentada. De allí que las técnicas de edición y las formas de presentación resulten tan preponderantes a la hora de construir y mostrar la noticia, aunque la lógica del contraste tampoco debe ser considerada en términos de amplitud absoluta.

Para comprender ello es necesario considerar una "clásica" premisa del campo de la comunicación tan divulgada como relativa. Se suele afirmar que la buena noticia no es noticia, fundamentalmente en relación a que el público consumidor es ávido de información crítica o escalofriante. Es desde la aceptación de esa presunción como "debería" operar consecuentemente la lógica del contraste. Pero dicha premisa es sólo aproximativa. Porque el límite final del contraste lo establece el beneficio económico, y éste por lo general suele estar asociado con las perspectivas dictadas por el anunciante. Por lo tanto, el contraste no puede quedar habilitado de un modo absoluto. De ser así la colisión entre contraste y lucro resultaría inevitable. Ninguna "interrupción" en materia de programación puede atentar contra los intereses concretos del ente que publicita. Y si el aspecto a preservar en materia de interés económico resulta indefectiblemente ocioso o complejo como para permitir un montaje "entretenido" o "creíble" probablemente las técnicas subliminales resulten eficaces para logra con dicho cometido.

Con sólo analizar las organizaciones con mayores presupuestos publicitarios y comparar la cobertura informativa en relación a las mismas para que la operación pueda ser apreciada de manera manifiesta. Y lamentablemente esta cuestión no excluye a ningún medio, sea éste "progresista" o "conservador". A modo de ejemplo: ¿qué medio seriamente asume una amplia campaña informativa en relación al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires?

Llegado a este punto, se podría decir que ante tal grado de escepticismo pocas son las razones para considerar a la libertad de prensa como un logro posible de conquistar en términos efectivos, y consecuentemente como una herramienta capaz de profundizar las raíces democráticas de la sociedad en materia de verdad y justicia.

Ciertamente pocos son los motivos para mantener una visión extremadamente optimista, aunque es necesario reconocer que así como resulta necesario poner al descubierto la ficción mediática para no incurrir en una visión ingenua de la realidad, también es posible suponer que aún existen ciertos intersticios como para continuar bregando por la libertad de prensa. De ser así las preguntas inmediatas serían ¿de qué manera? y ¿dónde?

Una manera se desprende en el acto de leer a ciertos clásicos de la economía. Como Adam Smith entre otros. Para que un mercado funcione es necesario atomización y transparencia. Frente al grado de concentración del ámbito mediático Internet puede entenderse como un espacio virtual lo suficientemente atomizado como para abrir el cauce para una labor periodística liberada de presiones comerciales. Muchos son los emprendimientos iniciados en este sentido. Seguramente no se hallan ajenos de condicionamientos económicos, aunque la naturaleza virtual e inaprensible del medio probablemente contribuya a la vigencia de medios en condiciones de equiparar libertad de prensa con libertad de empresa.


Nota: Director de País Global.
11:57 PM

1 Response to "PRENS@ Y EMPRES@"

Anónimo Says :
12:01 AM

EXCELENTE NOTA!!!, GRACIAS POR LA INFORMACION PROFE!!!

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